PRÓXIMO RIVAL

PRÓXIMO RIVAL
J34 LIGA | Osasuna - Valencia > Sáb. 19, 16:00 - GolT/C+Liga

FICHAJES VCF

FICHAJES VCF
Para estar al día de todos los movimientos relacionados con el mercado de fichajes del Valencia CF; rumores, altas, bajas, cesiones y renovaciones.

sábado, 22 de marzo de 2014

Cimientos Pizzi, SL



Como sumergidos en la más luctuosa amalgama de piedras, cemento y arena, pasan las semanas -que parecen meses- esperando que comparezca ante nuestro palco visual ese equipo victorioso frente a los competidores por las habas del próximo curso. Pero no, no llega, no termina de consumarse el propósito intencional, nada para morir en la orilla, cual coitus interruptus. Es una plausible y ambiciosa función que está quedando en grado de tentativa al hacerle sombra los resultados. Siempre necesarios, siempre jueces.

Al rasgarnos las vestiduras tras cada batalla en la que nos privan de ondear la senyera, el efecto túnel nos cohíbe de rescatar un trabajo de fondo, el poso opaco, que está siendo infravalorado por temor a adentrarnos en un bosque no resultadista. Pero haberlo haylo.

En el 105x70 ‘el lagarto’ ha logrado consolidar la intensidad en bloque -donde antes se diluía en presiones descompensadas, erráticas y poco eficientes-, aplicar un torniquete a una zaga castigada por el libertinaje de un sistema disoluto y malinterpretado por los actuantes, reflotar la solidaridad como canon cardinal y simplificar la matriz táctica compleja de Djukic retrotrayéndose a un fútbol más primitivo -minimización de posesión estéril y conducción ornamental en la medular, mayor protagonismo a las bandas y contragolpes en la medida de lo posible-.

Fuera del verde ha logrado voltear una situación que antes nos robaba alguna que otra hora de sueño y rellenaba portadas, columnas y tertulias en el entorno deportivo valencianista, mientras ahora yace latente en el cajón de la cotidiana normalidad. Reminiscente normalidad. Y aquella no es otra que la gestión de grupo -el manido vestuario-, borrando de un plumazo las censuras abiertas al estilo del entrenador, las salidas de tono de sus pupilos y la diversificación de pareceres. Ahora se cabalga por la misma senda, los músicos comparten partitura y tocan al unísono, porque se sienten identificados con la figura de Juan Antonio Pizzi. Que sin darnos cuenta ha cruzado el umbral de técnico a míster. Carisma se apellida.

Estos están siendo los genes del ADN pizzista, que están siendo masticados y digeridos por una plantilla inmersa en un bucle de constante zigzagueo de idearios futbolísticos y oscilante muda de compañeros. Como ese puzle del que nunca sacas tiempo para terminar de componerlo. Mientras curra la empresa argentina campeona del Apertura -que vino a Valencia para enderezar un proyecto no proyectante-, están fraguando unos cimientos concretos, que aun siendo invisibles para muchos aficionados, son perceptibles para el que no se apea en la estación de los guarismos, conceptuando los rasgos cromosómicos del actual VCF. Que confluyan con nuestro paladar futbolero o no, ya es otro cantar.

Estamos ante una idea en ciernes que (mal) vive atenazada por la lógica exacción de un club exigente por naturaleza, transitando por la irresoluta determinación que la mediocridad de un plantel cogido con pinzas -carente de comodines diferenciadores- le confiere. Un paso minado, una tubería atorada, un rayo de sol en el invierno antártico. No obstante, ello no es gracia justificadora para encubrir la realidad de una desabrida temporada de transición -en competición doméstica, termómetro de la regularidad- y que está embebeciendo con cuentagotas a sus fieles militantes.

Nos fulminen en cuartos de la Europa League, nos quedemos a dos palmos de puestos europeos, incluso no logremos aguantar estoicamente en media tabla, me quedaré con los 4 palos de la baraja del santafesino. El heterodoxo trasfondo del encofrado de una casa por hacer. Cimientos Pizzi, en una sociedad (muy) limitada.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Afinidades



Afinidad: atracción o adecuación de caracteres, opiniones, gustos, etc., que existe entre dos o más personas.

Es tan grácil que te atrapa de modo subliminal, y cuando uno quiere desperezarse, ya es tarde, porque se ha apoderado de lo más valioso de nuestros adentros; la voluntad aséptica.

En la larga caminata de un proceso de venta depravado, donde es cuasi imposible escapar de las fuertes corrientes, se pasa por alto el factor de la afinidad por este o aquel medio/programa/persona. Impepinable factor que atesora una de las mayores cuotas de influencia en nuestras formaciones de opinión libre, que nos lleva a posicionarnos cual androide, aunque nos emperremos en que predomine nuestro criterio personal, el salvavidas subjetivo autoconvincente. Se cae inexorablemente.

Además de los rutinarios qué y cómo, continúa vivo y coleando el quién. La manida procedencia, la fuente de la que emana la información y opinión que como receptores nos llega. Cuanta más afinidad, más cala, cuanto más me guste la versión que leo/veo/escucho, mejor casa con mi postura y mejor me siento. Y a la inversa. Desde un grado fútil y angosto, hasta rezar cual padre nuestro sus prédicas. Y es en este último cuando se engendran ciertas religiones infopinadoras, confiriéndoles un estatus divino que cuesta comprender. Todos tenemos predilección por ciertos comunicadores, afilamos nuestra quiniela particular, es inevitable, si bien es aconsejable tomar un poco de distancia y perspectiva sobre ellos, para desimantar inercias.

¿Qué es un licenciado en periodismo/ciencias de la información? ¿Qué es un contertulio? ¿Son seres superiores, mentes clarividentes por encima del bien y del mal? ¿Hay que creer a pies juntillas lo que digan/escriban? Dejar en cuarentena todos esos inputs es un ejercicio de aseo mental que debería incluir toda dieta depurativa que se precie. Pero estar a régimen es un esfuerzo poco acomodaticio, cuesta en este clima de pábulo mascado. Ya juega la intención de cada uno de querer estilizar su figura o ser coleccionista de lorzas.

Por último, saber discernir afinidad de amistad, estación ésta donde no cabe dictamen cabal alguno, ahí se es tendencioso por naturaleza humana. Atadura sentimental.

Afines nacimos y afines moriremos. Piénselo, opinante independiente.

jueves, 6 de marzo de 2014

¿Y si la oferta esa que dicen…



  • enjugase las gravosas deudas y dejase al club sin losa alguna?
  • se apartara completamente del pasado casposo (Llorente & Co)?
  • viniese decidido a terminar el nuevo templo en su diseño original (no el low cost)
  • hubiera cocinado, a fuego lento y en un tiempo prudencial, un proyecto global titánico abrigado por un grupo de grandes profesionales?
  • fuese aparejada a caras valencianas valencianistas de reputado prestigio?
  • tuviera ya previsto invertir una ingente morterada de euros en reforzar la plantilla con el firme propósito de estar de nuevo en el candelero europeo?
  • no focalizase su apuesta deportiva únicamente en traer uno o dos jugadores de tirón megamediático, sino además en escalonar de modo congruente la apremiante insuflación de calidad, primando la confección primorosa de un bloque equilibrado y competitivo a primer nivel?
  • reservara a la cantera un rol protagonista, no de segunda fila, con un plan integral de acondicionamiento para que cumpla con su cometido connatural?
  • hubiese discurrido alternativas para seguir favoreciendo la sociabilización y el buen trato al aficionado?
  • no se apartara de las señas de identidad valencianistas gracias al equipo de trabajo local, con avalado arraigo sentimental?
  • pretendiese potenciar el club en todos sus estratos con carácter globalizante como recurso para reportar beneficios internos de autosuficiencia a medio plazo?
  • valorara parcialmente el ideario e hitos a medio camino de la actual directiva respecto a la marca VCF y prosiguiera su dinámica?
  • no contemplase a la entidad solo como una coyuntura ganancial sino además como un desiderátum personal?
  • incluyera en su hoja de ruta ciertas estrategias urbanísticas en la ciudad, y por ende, no se tratara de un bluf ocasional?

sábado, 15 de febrero de 2014

المن والسلوى (El maná)



A una semana de concluir la primera convocatoria para la entrega de ofertas vinculantes, el menos común de los sentidos se impone en la guerra intestina de fuego cruzado, que a punto ha estado de sellar la salida del túnel, de desechar la más valiosa de las oportunidades para renacer económica, social y deportivamente.

El abigarrado tomo de episodios velados, con páginas arrancadas, tinta difuminada y renglones torcidos, es una provocación para el accionista/abonado/simpatizante medio, que se ve envuelto en mitad de una nebulosa de información parcial, deformación de la misma, intereses particulares, desinformación, adoctrinamiento recalcitrante y filtraciones varias. No logra dilucidar las intenciones reales de las partes implicadas en el acontecimiento más importante en la historia reciente del Valencia CF. Y eso, claro, tiene como resultado el más absoluto recelo y rechazo a aquellos que persisten en no exhibir su DNI a la sociedad valencianista, como si escondieran algo. Es la reacción congruente, la más natural del mundo. Lo contrario levantaría sospechas.

Pero, a la vez, se atropella el beneficio de la duda, pasando aquellos al difícil rol de ‘culpable hasta que se demuestre lo contrario’. Tampoco me parece objetivo señalar porque sí, si bien muchas de esas acusaciones -en realidad sin fundamentos de peso ni tangibles- están motivadas por un rodillo mediático que se encarga del enjuague mental de sus clientes, cual agorero apocalíptico. Esgrimidores de la parcialidad, proselitismo de barra de bar.

Sin embargo, al que sale al estrado, al que da la cara, al que se moja públicamente, se le otorga presunción de veracidad, sus palabras son dogmas de fe, inquebrantable e impecable oratoria mediante. Y se le concede porque es lo que exactamente el pueblo defensor quiere escuchar, es su brazo extensible, su sindicato encarnado en actor facultativo. Al margen de las formas elegidas y contundencia aplicada -en este caso, el fin ha justificado los medios-, hay que reconocer que ha dado resultado, se ha enderezado -no sin unos tiras y aflojas de órdago- el camino para alcanzar la mejor meta valencianista, obligando a Bankia a prescindir de unas condiciones de selección leoninas y desproporcionadas, aunque no por ello era indefectible la llegada de ese bluf rescoldado en nuestra memoria y nos la tenían que clavar -sin el visto bueno de Fundación y Generalitat no podía consumarse la venta en ese primer proceso-.

¿Y por qué cede la parte actora más reticente? Porque sigue salvaguardando sus compromisos firmados con los inversores que llamaron a su puerta, porque resta puntos al único integrante de la partida del que desconfía, porque, tal como queda configurado el (esperemos) último puerto de montaña, no ve peligrar sus intereses -la menor quita posible- y porque, a día de hoy, es conocedora que tiene en cartera la mejor propuesta global; para ellos, para el Valencia y para la Generalitat. El dichoso maná.

Excepto nueva interferencia, estamos citados al entierro de la embargadora refinanciación y al nacimiento de un estatus nunca conocido por la entidad nonagenaria. Con el tiempo, este rocambolesco y afligido galimatías será recordado por todos los valencianistas como una molesta pesadilla, despiertos ante un horizonte alguna vez manifestado en sueños, en el trasvase quimera-sustantividad.

Llámenme inconsciente, pero quiero probar el juego de ser el pez grande; un estadio 5/6 estrellas, una plantilla potente y sin fisuras -con algún dulce megatop- y una cantera que fabrique y provea de verdad. Mi cuerda locura y yo…

jueves, 6 de febrero de 2014

Banega, ahora sí, la soltó de primeras



Hace 5 años y 11 meses el Valencia se hacía con los servicios del ‘5’ más prometedor del campeonato argentino, un desconocido -en el viejo continente- chaval de 19 primaveras que ya descollaba en Boca y, según los parabólicos del balompié iberoamericano, con mejores hechuras que el otrora ínclito Fernando Gago. Agustín Morera lo presentaría en sociedad una semana después tras acordarse el abono de 18 millones de euros -tarifa plana de la era Solerista-.

En estos 6 años el rosarino ha protagonizado un raudal de anécdotas extravagantes, fechorías de mal profesional y episodios catalépticos de fútbol, unos por estado de forma y otros actitudinales. Ha sido un jugador que, en término global, no ha logrado subyugar y canalizar el evidente e incontestable don que tiene para practicar este deporte al nivel de los más grandes del planeta. Un desperdicio de talento nato al alcance de unos elegidos, una delicatessen que se marcha por el retrete de la inconsciencia y carencia de amor propio.

Lo reconozco, soy un enamorado sempiterno del fútbol sedoso de Éver, desde el primer día que lo vi mimar el cuero, escoltarlo corporalmente y trazar pasillos imposibles cual arquitecto sobre el verde, atravesando líneas defensivas con una destreza pasmosa. Me cuesta recordar un pelotero de semejantes dimensiones, que aunara esa precisión técnica y clarividencia para leer el juego vistoso. Un plato selecto para deleite de los paladares más exquisitos, un bocado de sensaciones inefables.

Lo que ha lastrado su rendimiento -apócrifamente relacionado con la etiqueta de la cacareada irregularidad-, es su connatural tic sudamericano, su exasperante lacra por magrear la bola, provocando pérdidas de balón o ralentizando incipientes contraataques, lo que le aparta de la disciplina futbolística europea. Su talón de Aquiles, su substancial hándicap. Luego podemos injerir diversas circunstancias que connoten tal desajuste, pero son meros elementos accesorios. Igualmente ha demostrado estar capacitado para ser el cerebro de este equipo, a su manera, desembarazar partidos atorados con su clase impar y echarse el equipo a la espalda adjudicándose todo el peso ofensivo, siendo el alma máter.

Una vez que Pizzi le confiere a Banega un rol secundario en la función che, entra en marcha la maquinaria para salir del club, sin titubeo alguno. Decisión meridiana y taxativa, se larga de Mestalla. Pero es en este intrincado momento cuando el ‘10’ adopta un cariz preponderante respecto a su agente Marcelo Simonian -que lleva 6 años en sequía comisionista y buscaba desesperadamente una operación de traspaso-, imperando su designio más anhelado, el regreso a casa.


 Y así se fragua su vuelta a Argentina, a su ciudad natal, a su equipo de alevines e infantiles, a su club del alma -tatuaje en gemelo derecho mediante-. El de Rosario opta por la salida fácil y más confortable, rodearse de los suyos en un clima idóneo que le otorgue esa paz integral, alejado de polémicas y filípicas viciadas, que lo enfilan por inercia al mínimo fallo, para resetear la mente y reencontrarse consigo mismo -una catarsis profunda- y con su mejor versión cara al Mundial de Brasil, que es lo que prevalece para todo futbolista susceptible de ir. Busca disfrutar, divertirse, reír, jugar acomodado y aliviado de corsés tácticos. Efugio placentero a la carta.

Y así, por primera vez, Éver Maximiliano David Banega la suelta de primeras, abandona la floritura, y lo hace por convicción personal. Allá cada cual con sus censuras éticas o moralinas a granel, no seré yo quien lapide la decisión sincera de un futbolista atrapado en un microclima que le estrangula. Habiendo reconocido todos sus pros y contras, no le deseo ningún mal a quien jamás profanó directa ni discrecionalmente el escudo del Valencia, sí a consecuencia de sus equívocas pautas de vida.

‘Talento Banega’, que le vaya bonito allende.